Hará diez o doce años, ahora no recuerdo, deambulando por los puestos de libros usados fue que vi y compré el libro de Paul Sollier. Una autobiografía destartalada, genuina y sincera, pero no un libro que pasará a la historia literaria. Pero tuvo un efecto extraño leer este libro. Un futbolista marxista-leninista que militaba en Perugia (jugando incluso un año en la Serie A). Me pareció que estas palabras y las historias venian de otro lugar, que no venian “sólo” de hace veinticinco años, sino que las historias hablaban de una Italia “marciana” respecto a la de hoy. El compromiso político en el periódico, la militancia y un ideal que puede dar más significado a la propia existencia. Luego vinieron los años ochenta y todo aquello del bien y el mal dejó de existir.
…y me hizo acordar a aquello que uno decia hace un tiempo: Hay cosas, objetos, recuerdos que mas que venidas de otro tiempo, parecen incluso de otro lugar. El caso italiano, despues de todo, es parecido al nuestro: unos años 70 hiper radicalizados y 10-15 años despues, la nada, con el agravante de que ni siquiera pueden usar el Terrorismo de Estado como racionalización (o justificación) para la derrota, haciendola aún mas inexplicable. Hay un poco de esta desesperación, desencanto, confusión, pérdida del sense of one’s place, en fin, del abismo ante el derrumbe de las certezas y esperanzas en “El pendulo de Foucalt”, ahi donde el protagonista le reprochaba a alguien mas jóven que él pensaba que su generación (la del pibe) iba a venir a terminar lo que ellos empezaron y no supieron -o no pudieron- terminar, y en vez de eso no, se dedicaron al new age, las flores de bach y el consumismo desenfrenado, pero tambien en “La messa e finita” de Moretti, donde se ve toda una galeria de ex comunistas vagando por el mundo y tratando de encontrarle un sentido nuevamente (Spoiler: la mayoría lo encuentra en ese gran supermercado de las certezas que es la religión).
Supongo que el suicidio politico del PCI (sumado al cambio brusco de actores politicos en el escenario post-mani pulite) vendría a funcionar como desenlace casi inevitable de la tragedia de la izquierda italiana.