“Hay que procurar que esos jovenes no se frustren. Por eso debemos hacer todo lo posible para que la Facultad de Filosofia y Letras y la carrera de Sociologia no vuelvan a ser lo que alguna vez fueron: formadoras de disociados que terminan trabajando para empresas o institutos financiados por el exterior”
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(R. Sidicaro, 1971)
Y casi 40 años despues la consigna parece ser la misma: como hacer para que la facultad no se convierta en la fábrica de fundidos que es la mayor parte del tiempo, ahi en el abismo entre un habitus y un discurso radicales durante la cursada y un mercado de trabajo salvaje e hiper profesionalizado al egresar. O al menos como no frustrarse en el camino.